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El mejor consejo que leerás hoy sobre la hermandad

Para empezar, quiero mencionar que esto no ha sido fácil. Esto me ha costado muchas lloradas y cuestionamientos sobre mí actuar y cómo actúan las mujeres de mi círculo social. Creo que he sido favorecida con el tipo de amigas que tengo.

Pues después de toda esta inmersión a la sororidad debo afirmar que mis amigas han sido muy sororas sin haber aterrizado antes el concepto a mi vida. Y me he dado cuenta de que practicamos un tipo de sororidad silenciosa pero gigante. He tenido amigas que profesan diferentes credos, con diferentes gustos, diferentes géneros y condiciones sociales. Pero siempre encontramos en la amistad algo que nos compete a las dos. Ayudarnos, acompañarnos y apoyarnos. También he tenido amigas con las que ha habido roces, discusiones, malos entendidos y no hemos quedado muy bien. Pero, no voy a negar que cuando nos juntábamos nos sentíamos poderosas. Las puertas se abrían y era más fácil sentirse a gusto con lo que una es. Los trabajos en clase eran más sencillos, las notas también eran altas, cuando veíamos alguna injusticia lo visibilizábamos y siempre tratábamos de ser nuestra mejor versión juntas. Con mi mamá empecé a mejorar nuestra relación, pues nos odiábamos y nos culpamos de todo. Pero ya no, ahora nos queremos mucho y nos tratamos muy bien.

¿A qué va todo esto?

Bueno, pues resulta que todas estas cosas buenas que empezaron a ocurrir en mis relaciones femeninas, no eran más que el reflejo de mi trabajo interno: Mi amor propio. El amor por ser mujer. Muchas veces llegué a pensar que hubiera sido mejor ser un hombre, incluso varias veces opté por mostrar ese lado masculino que tengo por encima del femenino. Por varios años siempre me sentía sola, no creía en la amistad y veía a las mujeres como personas de poco fiar. Le decía a mi papá: “Yo no tengo amigas”. Literalmente no confiaba ni en mi mamá. Ellos pueden dar fe de eso.

A medida que fui creciendo, me di la oportunidad de disfrutarme a mí en soledad, lo cual me ayudo bastante para mejorar mis inseguridades y comparaciones constantes con otras niñas y dejarme de preguntar si yo tenía algo malo para no tener amigas, pues las que había tenido anteriormente me habían herido muchísimo, gracias a ese sistema de creencias patriarcal que nos meten desde niñas (En el que las niñas hablan mal una de la otra, se tiran odio, se traicionan y hay rivalidad). Menos mal ya salí de esas relaciones. Eran desgastantes y aburridas. Pero para ese entonces en cierto modo me era interesante saber lo que dijo Pepita de Fulanita y ver todo ese drama.

El caso fue que, me cansé de todo eso y tomé la decisión de ser mi mejor amiga desde ese momento hasta el día de mi muerte. Aún lo soy.

Trabajar en mí, no fue para nada fácil, más cuando eres mujer y estás “sola” eres presa fácil para que las otras digan muchas cosas de ti (en ese entonces, espero que ya no sea así). Sin embargo, a medida que me iba autodescubriendo y haciendo de mí mi propia amiga, las cosas fueron mejorando. Empecé a conocer a chicas super interesantes y mi círculo social fue creciendo, empecé a sentirme más segura de mis habilidades sociales, sin necesidad de manipular ni hablar mal de alguien, solo siendo yo. Claramente no a todo el mundo le puede caer bien. A varias chicas les caía mal porque siempre decía lo que pensaba. Pero en fin. En el proceso conocí a muchas chicas igual que yo, con ese espíritu libertario y de justicia, Sarita, Catalina, Daniela, Angie, Niyi, si ven esto, las amo, gracias por tanto. También tendría que dar las gracias a Leidy, Milena y la que en su momento era Laura, ahora Juanse ¡Gracias! y obviamente a mi amiga del alma, la mona.

Bueno, dejando de lado la cursilería, sigamos con la historia. A medida que iba mejorando mi perspectiva sobre mí, haciendo consciente mis habilidades y virtudes, puliendo y aceptando las cosas que no me gustaba tanto de mí, las cosas fueron mejorando aún más. Hice las paces con mi mami, creo que fue lo más lindo de todo. Sanar mi relación con ella. Me di cuenta de que ella siempre ha querido lo mejor para mí.

Lo que me lleva a decir que el amor propio siempre será la base de toda revolución, el amor propio cambia el entorno, nos cambia a nosotras.

Mi consejo es que nos demos la oportunidad cada una, para ser la mejor versión de nosotras, para amarnos incondicionalmente y no permitir injusticias, para que sepamos irnos cuando debamos irnos, para renunciar cuando debamos hacerlo, para denunciar si debemos. Claramente esto nos ayudará a ser mejores las unas con las otras.

Por si te interesa leer: Viaja en el tiempo: ¿cómo era la hermandad hace 7 años?

¡Nos alegra verte de nuevo!

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