Manifiesto

Todo empieza con el amor propio, ver en las demás lo que también hay en mí. Lo que le pasó a ella, me pudo pasar a mí, incluso muchas veces me pasó a mí. Pero no fue hasta que la escuché, que pude comprender la magnitud y la importancia de comunicar lo ocurrido…

Las mujeres somos las únicas que podemos salvarnos, nadie lo hará por nosotras. Después de tantos siglos esperando que fuera algún hombre, hemos evidenciado por completo que no es así.

Todas tenemos sueños, metas y objetivos ¿No sería más fácil unirnos y potenciar nuestras habilidades para lograrlo? Pues creo que en el mundo hay suficiente para todas. Y eso me lleva a cuestionar algunas cosas:

¿Realmente debemos derrocar a la otra para cumplir nuestro objetivo? Si es así ¿Quién nos puso ese objetivo? ¿Fuimos nosotras? ¿Estaríamos dispuestas a competir con nuestra propia madre? ¿Para qué? Perderíamos gran parte de nosotras si lo hiciéramos. Es mejor reconocer a la otra, aceptarla, quererla y verla como hermana, madre, tía, amiga, prima. Abuela.

Todas sufrimos alguna vez… ¿Y si de vez en cuando nos unimos para que duela menos? Tu dolor es mi dolor. El abrazo de mi amiga, mi hermana, mi madre y mi abuela reinician la vida, da esperanza donde la hallaba perdida.

La hermandad entre desconocidas nos avecina como un tipo de amigas, que sin pensarlo dos veces la mano te darían en la primera fila.

Empecemos sin criticar a la que nos envidia. Ella aún no sabe la maravilla de mujer que se esconde tras esa fechoría. La envidia es mejor soltarla y que se extinga, pues lo que veo en la otra, es lo que me motiva a ser la mejor versión de mí misma.

No todas somos iguales y eso es lo que me inspira a reconocer a la otra como si fuera yo en otra vida. La diversidad de la mujer hace la vida menos simplista, nos ayuda a distinguir más realidades impuestas. Más motivos para juntarnos y trabajar por la  total libertad femenina.

Empoderarse aquí no es cliché, es una decisión que se toma todos los días.

Soy negra, soy blanca, soy trigueña, índigena, mestiza, mulata, lesbiana, trans; soy mujer y puedo volar. Soy gorda, flaca, alta, baja, niña, joven, vieja, discapacitada; soy mujer y puedo soñar. Puedo creer que voy a ser la mejor versión de mí misma.

Nos apoyamos, nos guiamos y vemos crecer, somos cómplices y partícipes de nuestro despertar.

Cada mujer lleva una lucha, de la cual no siempre sabemos y es necesario preguntarnos:

¿Es necesario juzgar y culparla de lo que le atormenta?

Responsables sí somos y reconocernos nos cuesta, pero para ello la unión es la respuesta.

Mi amiga mientras me escucha, me dice: A la próxima no te quedes ahí. Yo siempre voy a estar para ti. Mientras se entera de que mi pareja me pega.

Mi mamá me dice: Si tenemos que demandar y llamar a la policía, ¡lo hacemos! Pero estar callada, no va más con esta familia.  Mientras se entera que mi tío me acosa.

Mi abuela me dice: Cuídate siempre, llévate este gas pimienta y si puedes grita. ¡Patalea hasta que puedas! Mientras me despido para ir a la oficina.

Y yo te digo a ti: Si algo te llega a pasar, si necesitas ayuda, no dudes en hablar, escribir, en llamar, en postear, en gritar, en hacer señas, que yo haré lo posible para que puedas vivir, libre, tranquila y feliz.

Bienvenida a la hermandad.

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